¿Cómo y de qué hablar en español?

¿Cómo y de qué hablar en español?

A la hora de aprender a conversar en una lengua extranjera, la ansiedad sobre qué conversar con una persona o entre un grupo es un sentimiento muy común. Tendemos a pensar demasiado en si el otro tendrá una buena impresión sobre mí, o si seré una persona interesante hablando de lo que me interesa. Y es en ese punto cuando decimos todo en nuestra cabeza, pero nada sale de nuestra boca.

Esta ansiedad también puede aumentar durante estos tiempos cuando por salud hay que estar en casa y alejarse físicamente del mundo exterior. Así las cosas, la comunicación para con otras personas con quienes quieres practicar tu español generalmente está mediada por una videollamada. A pesar de ello, notarás que muchos consejos que usualmente se aplican a la comunicación presencial pueden adaptarse asimismo a la interacción a distancia.

En cualquier instante, y más en los ya mencionados, debes recordar tres aspectos fundamentales para comenzar y continuar cualquier conversación: qué no sabes o te llama la atención, qué te emociona y para qué vas a conversar.

Con estas tres preguntas clave vamos a detallar cómo y de qué hablar en español a distancia.

¿Qué no sabes o te llama la atención?

El contexto define qué tipo de conversación vas a tener. ¿Estás en una reunión de trabajo, o en una sala de conversación informal? Busca algo que de verdad no sabes y que puedes averiguar preguntándole a alguien. Varios ejemplos pueden ser: “¿Qué recomiendas hacer si eres nuevo en este país?”, “Estoy preocupado porque no hay mucho qué hacer, ¿sabes qué actividades recomiendas para evitar aburrirme?”, o “¿Cómo puedo mejorar en esta habilidad?”.

Para comenzar cualquier conversación, luego de saludar, es importante presentar esa pregunta con una preocupación genuina por saber lo que queremos investigar. Y cuando no estás hablando, es recomendable apagar el micrófono para evitar interferencias acústicas; y respetar los turnos de conversación.

Examinar el contexto también implica observar atentamente otros detalles que te llaman la atención del lugar o de la persona. ¿Hace frío o calor? ¿Esa persona lleva un adorno o prenda que no es común? ¿Crees que tu serie favorita de televisión está muy buena? Coméntalo en voz alta, o dile a esa persona que ese algo de su ropa te llama la atención. Pregúntale dónde la consiguió o la historia que conlleva.

¿Qué tal si esa persona habla en un acento diferente? En vez de preguntarle simplemente: “Noto que tu acento es diferente, ¿De dónde eres?”, hazlo como un juego de adivinanza, así: “Tu acento es diferente. ¿De dónde eres? ¡Espera! Si me das alguna pista, puedo adivinar”. Tu interlocutor se sentirá mucho más involucrado, y es una forma inusual pero divertida de comenzar una conversación.

Este tipo de adivinanzas pueden ser observaciones mucho más significativas. Si notas que alguien dice algo divertido, puedes decirle: “Oye, ¡eso fue muy gracioso! Apuesto que eres comediante”. Por el contrario, puede que esa persona sea muy introvertida, pero le gustará esa observación si de verdad la sientes. Imagínate la impresión si de verdad es un comediante. ¡Ahora puedes leer su mente!, y ¡ríete de ello!

¿Qué te emociona?

Ya comenzaste una conversación. ¿Ahora qué sigue? Usualmente serían preguntas como “¿Estudias o trabajas?”, “¿Te gusta tu trabajo?”. ¿Qué notas en estas preguntas? Que son cerradas y potencialmente aburridas. No dan mucha ocasión de decir más allá de un “Sí” o un “No”. Contando con que de verdad quieres conocer esa persona, trata de dirigir la conversación, primero hacia sus emociones, y luego hacia sus opiniones.

Veamos estas dos preguntas de las que hablamos anteriormente. ¿Cómo puedes transformar la pregunta “¿estudias o trabajas?”? Puedes enfocarla a una emoción más grande como la pasión: “¿Cuál es tu pasión en la vida?”. De nuevo imagina si la pasión del otro concuerda con su trabajo o estudio. ¿No te interesaría saber cómo ejercerá esa pasión en su vida?

Piensa qué emoción puedes asociar con la segunda pregunta “¿Te gusta tu trabajo?”. Puede ser algo tan sencillo como incluir, en lo posible, un superlativo positivo: “¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?”. Por supuesto, no todo en la vida es color de rosa. Así que podemos establecer una conexión más profunda hablando de lo que se gusta menos, e incluso contar anécdotas positivas para equilibrar el estado de ánimo de ese diálogo.

Pedir opiniones da lugar a que involucremos con confianza a nuestro interlocutor. Dependiendo de la cultura y el contexto social en específico, evita temas muy controversiales como la religión o la política. O incluso muchos no querrán hablar mucho del confinamiento social actual en el mundo. En vez de ello, sé creativo, por ejemplo, planteando varias opciones para conocer un sitio extraño que pocos turistas conocen en la ciudad o país que apenas conoces. ¿Qué piensan los locales sobre ese lugar? ¿Por qué no es tan popular?

Pero, sin duda, todos estamos de acuerdo en que lo mejor para despertar las emociones en una conversación es contar historias. Piensa en tu historia. ¿Qué te llevó hasta ese instante en que empiezas a conocer a esa persona, o a ese grupo? A lo mejor una gran jugada del destino les dio esa posibilidad. “¿Crees en el destino?”. Gran pregunta, esa. Incluso la pregunta es pertinente y graciosa si la mediación se produjo a través de un club de conversación en español, o de otro modo.

Las historias no serán efectivas sin sentirlas. Incluso si has oído algo en las noticias, o si quieres contar algo que te ha pasado recientemente, no hay nada más contundente que imprimirle tu sello personal. Ubicándote delante de la cámara web de tu computadora o a la de tu teléfono móvil haciendo ver al menos tu torso, juega con tu lenguaje corporal al actuar una acción determinada: correr, reír, gritar, tener miedo, etc. Crea suspenso usando adecuadamente las pausas en frases comunes como: “Y a qué no adivinas qué pasó después…”. Habla un poco más rápido si estás emocionado, o mucho más despacio para denotar cansancio o tristeza. El cambio de sentires en el momento adecuado es fundamental para captar la atención de cualquier auditorio.

¿Para qué vas a conversar?

¿Para simplemente charlar un rato? ¿Para integrarme al grupo más popular? ¿O para crear conexión?

En esta actualidad de inmensas distracciones tecnológicas, no hay nada más preciado que estar presente cuando hablas con alguien. Mirar a los ojos (en comunicación a distancia, fijar la mirada directamente a la cámara web o a la de tu teléfono móvil), y dirigir tus pies en dirección a tu interlocutor, son señales de una escucha sincera y atenta. Fíjate en qué punto o puntos exactos puedes o quieres ahondar.

Observa los puntos subrayados en la siguiente frase: “Una vez recuerdo ir a la playa con mi mamá cuando era niño a jugar fútbol. Era la primera vez que sentí fascinación por el deporte”. Evalúa cuál es el tema con el que puedes empezar a conectar con esa persona, y pregúntale con interés.

Si en verdad quieres conectar con alguien, pide un consejo sobre alguna inquietud que sientas tener. Un buen consejo puede incluso salvar tu vida.

Otra forma obvia de conectar, sobre todo llegando al final de la conversación, es el nombre de tu interlocutor. Te ayudará a recordarlo más fácilmente para un futuro encuentro.

La conversación es una red de entendimiento, un libro abierto que te permite ir hasta los confines de tu corazón y el de quien te escucha. Los seres humanos buscamos formar nuevas redes para conectarnos más profundamente. Y es posible lograrlo desde un primer encuentro siempre y cuando esa conversación se dirija hacia lo que de veras les interesa hablar.

Por supuesto, debes tener presente las coincidencias alrededor de las cuales pueden concordar durante gran parte de la conversación. Piensa sobre qué temas te interesan. ¿Se relacionan con esa pasión en tu vida? Si acaso ese tema no es tan valioso para esa persona, intenta buscar coincidencias en lo más evidente: ¿por qué están en el mismo lugar? ¿para qué? ¡Hablemos, y averigüémoslo juntos!

Entrada escrita por: Félix González Montejo
Félix González Montejo (Bogotá, Colombia) es un docente apasionado de español como lengua extranjera (ELE) con varios años de experiencia en distintos contextos de enseñanza. Tiene dos másteres relacionados con la enseñanza de ELE. Dirige su propia página web, mejorespanol.com para estudiantes de nivel intermedio y avanzado. Ha colaborado como podcaster en “Faro de Lenguas Magazine” y como bloguero en “Espagnol À La Maison”. Recientemente tuvo su primera experiencia internacional enseñando en Georgetown, Guyana, y ha vuelto a Colombia para pronto lanzar su página espanolenfocado.com dirigido a estudiantes avanzados de español, y con fines específicos de aprendizaje. Correo electrónico personal: cosas_logicas@hotmail.com
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